Blogia
... Israel & sus paranoias ...

amor

Lo que me gustaría poder decirte // Det jag önskade att jag kunde säga till dig

Lo que me gustaría decirte con el tiempo

.... lo que no era el momento de escribirte

.... lo que aprendí por ti

.... lo que se quedó en mi memoria

.... lo siguiente para sorprenderte

.... lo que algún día quizás leerás para sorpresa tuya

.... lo que guardaba desde esa noche de diciembre de 2007

 

 

te vagy az én gyönyörű hercegnom

:P

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

The 10 rules of my love club

Welcome to my love club.

These are the 10 rules for my love club.

RULE 1: I will show it as soon as I feel it

RULE 2: I will appreciate facts more than words

RULE 3: I will hardly say unneeded and not meant "I love you"s, just there will not be doubts about my feelings once shown

RULE 4: I will pour myself for satisfy all your needs: emotional, physical, etc.

RULE 5: I will effort to make communication the most important thing between us

RULE 6: I will pursue the goal of getting to know you and your inner thoughts

RULE 7: I will strive for having a decent relationship with the less problems

RULE 8: I will share without demand anything that comes into my mind from material to emotional and spiritual things

RULE 9: I will act vigorously to make a sinergy out of you and me so that we help develop each other more than being alone

RULE 10: I will do my best to solve problems at once without unneeded delay which harms

 

That's my love manifesto. Feel free to join and spread it.

Perseguir un sueño


Anoche volví a soñar. Dicen que lo hacemos todas las noches y que sencillamente no siempre recordamos el contenido. Hay sueños para todos los gustos: raros y difícilmente explicables, otros que sobresaltan y aun otros que trastocan emocionalmente. Generalmente estos últimos son los relacionados sentimentalmente con personas externas.
En 2007 tuve un par memorables dentro de este tercer tipo con … llamémosles A y E. Apenas logré recordarlos al despertar. No iban más allá de una maraña de elementos desconcertantes con algunas briznas de sensualidad que jamás se adentraron en el erotismo. Ayer sucedió una vez más. Este a diferencia de los anteriores era nítido, diáfano hasta tal extremo que los protagonistas parecíamos figuras a pleno color dentro de una película teñida con mil grises distintos. Me desperté con la sensación de haber dejado atrás algo inconcluso y pasé a cerciorarme de que mi estado, pese a mi resfriado, era afebril. Así pues no era una mente ardiente la causante de semejante sucesión de eventos sino una cabeza fría y serena que combinaba vivencias y hechos junto a un corazón que aportaba los sentimientos.
Afectado por la experiencia decidí transcribir los detalles al instante y usé, haciendo las veces de libreta de los recuerdos, lo que yacía más a mano: mi titilante teléfono móvil que conectado a la corriente se esforzaba por cargarse para irradiar su energía en días venideros. Bajo la tenue luz de su pantalla LCD, en plena madrugada, acostado y arropado únicamente por mi mudo edredón, le confesé a él mi secreto reciente mejor guardado. Tecla tras tecla rememoraba el sueño con una lucidez asombrosa mientras tejía, (Dios me perdone) en lenguaje SMS, la historia de una agradable noche de invierno. Una tecla más y el pasado, sin escatimar colores, pasaría a formar parte del futuro. Mi hermética fuente de recurrencia me agradeció la confianza depositada en ella esbozando un escueto “Guardado” cual ojo amigo que guiña desde la distancia como símbolo de complicidad. Entonces recordé aun más detalles que previamente me habían pasado inadvertidos pero decidí que eran prescindibles y que el mero hecho de haberlos recordado los convertiría en indelebles en mi, todo sea dicho de paso, en ocasiones olvidadiza memoria.
Ahora sí estuve preparado para hacer un esfuerzo consciente por recordar aun más. Desgraciadamente no avisté éxito en la empresa y desistí en breve. Me sumí entonces en la fase de análisis concienzudo de lo oculto tras lo vivido. Un deseo fervoroso de devorar los escritos de Freud se fue apoderando de mi interior. Sonreí pensando en como el padre del sicoanálisis habría encontrado instantáneamente algún vínculo sexual con mi pasado como infante o en su defecto con mi presente como adulto. A su vez, lamenté no haber dedicado previamente algo de mi tiempo a dicha lectura especialmente apta para los que suelen mirar el diván desde el otro lado y decidí que el insomnio presente tras el sobresalto emocional era lo suficientemente cómodo para instalarme en él a la espera de un atisbo de racionalización de lo soñado.
Y llegó la racionalización de lo permisiblemente racionalizable. Indagué uno por uno en los motivos por los que determinadas personas decidieron obtener un papel como extras en mi sueño. Familiares, algunos amigos cercanos e incluso meros conocidos se esforzaban por lanzarse al estrellato con sus apariciones estelares. Ahora que pienso, quizá debería matizar y sustituir la expresión egoísta “mi sueño” por una de carácter antónimo a la par que más certera pues al fin y al cabo es la motivadora de todo este embrollo, a saber: nuestra película. Eso sí es algo de lo que rápidamente me percaté. A ella le había sido otorgado el papel estelar de coprotagonista. No era una invitada mental, era más bien una destacada actriz sentimental. Debía estar ahí porque en lo recóndito del corazón una llamita iba siendo aventada y cual brasa ardiente contribuía al idilio. Pese a la dificultad del papel a realizar ella tuvo una actuación que eclipsaría a las mejores divas de Hollywood. Cierto, las exageraciones son altamente perjudiciales pero en esos momentos dulces cualquier comparación que se precie cumple dos premisas: la persona comparada sale siempre exitosa y en caso de no hacerlo la propia comparación adquiere automáticamente una importancia relativa.
Tras el análisis más o menos pormenorizado de los personajes le llegó el turno al decorado. Fue, sin dudarlo, la parte más fácil. Una localización presente habitualmente desde mi época prepúber hasta los inicios de la mayoría de edad. Innumerables veces he recorrido solitariamente ese trayecto realizando, casi en su totalidad, las mismas paradas que ayer soñé. Había ligeros cambios, como si ciertas partes no hubieran sido actualizadas desde hace años, además de objetos externos claramente fuera de lugar, junto a ellos se apreciaban elementos presentes en ocasiones puntuales como eran los festejos de mi antiguo barrio. El mayor cambio, sin embargo, era el que me acompañaba abriéndonos paso entre el gentío.
Y allí estaba yo, y ella, y ambos. Caminando directos a ver qué deparaba el destino. Dejamos atrás a la gente avanzando sin titubear. Y ocurrió. Entrelazamos nuestras manos dedo a dedo. Palma con palma. Escapábamos del bullicio cuyo rumor amenazaba con enturbiar la ocasión. Y anduvimos un paso más allá en la escalera amorosa. Un paso decidido. Un paso sentido previo al colofón asomando en el horizonte. Y ocurrió. Nos besamos. La pasión desbocada en porcentajes distintos fue equilibrándose con el devenir de los segundos. Nos miramos y sonreímos avergonzados por los sonidos provenientes de tal bella muestra de amor.
Y desperté, maravillado y sorprendido. Entonces dio comienzo el análisis de mis sentimientos ad infinitum. Medité en lo bien que me sentí durante el sueño. En ese instante, en la vigilia de la noche, tras rememorar vez tras vez lo ocurrido reparé en que aun debía analizar los diferentes encuentros acaecidos con los extras y determinar su significado. Supe al instante lo que venían a decirme. Lo supe y quise negarlo, evadirme, obviarlo, desterrarlo de mi mente. Desgraciadamente sus ecos incrementaron su latencia, se hicieron más y más persistentes. ¡Malditos extras que quieren asaltar mi sueño! – pensé. Y me invadió un terror desconocido. Con el cariz de aquel miedo que le sobreviene a quien debe enfrentarse a sí mismo. Con la remanencia de aquel miedo que ha venido para instalarse durante una larga temporada. Su cruel presencia me afectó. Emborronó mi sueño para siempre. Me hizo comprender que los sueños, sueños son. Por otra parte, reconozco que fue gentil. Me obsequió con la posibilidad de perseguirlo, de acercarme a su cumplimiento tanto como quisiera. Se me acercó en la oscuridad de mi cuarto y sencillamente me susurró maléficamente: “Persíguelo. Lo que por un lado obtengas, por otro lo pierdas. Es tu castigo por soñar”.
Fue entonces cuando el miedo se disipó temporalmente. Le cedió paso de nuevo a mi compañera de reparto y mientras tanto comprendí que el año empezaba soñando con una nueva letra correlativa en mi lista.

心から

心から

あなたへ、心から

私はあなたが大好きだった。今日では、愛があるのかどうかわからない。今では、私の気持ちはなんともいえない。あの恋の日々を忘れられない。あの時、一緒だったときこそが、私の人生の一番幸せな時だった。でも、同時に切なくもあった。思い出は今でも苦しい。
これは純な愛なのか愚かな愛なのか?私にはわからない。でも、怖いと感じる。8ヶ月前に、私たちはお互いと話すことをやめた。私は話せなくなっていた。今、どうしたらいいのだろう?。あなたが必要だったのに、あなたはどこかに消えてしまった。時がもう一度、二人を結び付けてくれないかと願っている。

愛してると思うからこそ、こうして書いています。

Israel

 

 

//revisado y corregido 

Gritando por amor desde el centro del mundo

Gritando por amor desde el centro del mundo

Hace tiempo ya que quería escribir este artículo pero no encontraba el momento de sentarme a ordenar los pensamientos y hacerlos fluir en forma de palabras escritas. Finalmente he encontrado el momento. Desde febrero inicié mi aprendizaje de japonés (como siempre de forma autodidacta) sin prisas y con más pausas de las recomendables. Dada la dificultad del lenguaje decidí hacer una inmersión así que además de los libros de gramática que ya tenía opté por escuchar música y ver películas y series japonesas. Como el anime no me llama la atención opté por los “doramas” o “jdramas” que es como se conoce a las series dramáticas del país del sol naciente. Leyendo sinopsis topé con 世界の中心で、愛をさけぶ (Sekai no chuushin de, ai wo sakebu) abreviada como Sekachu y que en español se traduce por “Gritando por amor desde el centro del mundo”. Desde su primera línea la sinopsis me atrapó, desde el primer minuto de visionado la serie me enganchó. Narra la historia de amor de dos jóvenes estudiantes adolescentes Matsumoto Sakutaro y Hirose Aki y como deben enfrentarse a lo que la vida les depara. Y la vida no les depara nada bueno pues Aki enferma y muere de leucemia. La serie muestra durante doce capítulos los inicios, la consolidación y el devenir de la historia de amor pasada y sus repercusiones actuales, 17 años más tarde y sin que Saku haya conseguido superarlo ni siquiera deshaciéndose de las cenizas que conserva de Aki. Todo esto se narra en los primeros minutos del primer capítulo con lo cual no he explicado nada por adelantado. Además diseminadas por los diferentes capítulos encontramos frases que a modo de perlas conforman un bonito collar de reflexiones. Por ejemplo: “Vi la cosa más hermosa del mundo … escuché el sonido más bonito del mundo … el mundo, es la persona que te abraza y en ella encontré un cálido refugio” o “Pensaba en tu cumpleaños .. el 2 de julio. Eso significa que nací en un mundo en el que tu ya estabas “ y ella responde "Yo esperaba en un mundo sin ti. Esperaba a que nacieras". entre muchas otras. Una delicia para los románticos que garantiza las lágrimas. Todo aliñado con una banda sonora que acaba por convertirse en parte de la vida de uno.

Desde hace unos años en Japón están de moda las series que tratan el tema del 純愛(junai) o “amor puro” donde el amor es puesto al límite generalmente mediante jóvenes que en su primera relación sufren todo tipo de vicisitudes para magnificar aun más el sentimiento amoroso. Dicho amor alcanza el clímax o la calidad de inmortal y eterno si uno de los dos muere. Esta serie es un claro exponente de ello y las jóvenes japonesas idealizan este tipo de amor hasta el punto de anhelar sufrir por un amor inmortal.

¡Qué ironías tiene la vida! Descubrí esta serie casi por casualidad en junio de 2007. Jamás he sido de ver series de médicos, enfermedades o muertes pero esta quise verla. Pocos días después de empezar a verla a un familiar mío le detectaban un linfoma que necesitaba de quimioterapia fuerte y bastante suerte para su erradicación. En ocasiones me he visto en el papel de Saku … pero peor era verla a ella en el papel de Aki. A veces lo único que se puede hacer es lo que hizo el protagonista de la serie, gritar: たすけて下さい (tasukete kudasai) o “¡Ayúdala por favor!”. Por suerte “mi” historia parece tener un final diferente.

Desde aquí mi recomendación de esta serie para todos los románticos. Podéis descargarla en torrent desde www.d-addicts.com (buscadla con subtítulos en español) o si me conocéis os la puedo grabar en dos DVD siempre y cuando no os importe leer los subtítulos durante 45 minutos cada capítulo. De momento a la única persona que la he prestado le ha encantado pese a hacerla llorar mares (eh Laura xD). Espero que a vosotros también.

Un poco de lluvia buena ...

Me sentía especialmente inspirado hoy ...  y surgió este particular ciclo del agua (Clic en la imagen para ampliar)

 

Israel

Momento angular

Momento angular

-¿Qué haces?

Dando vueltas en el sentido contrario al reloj.

Cada vuelta le roba al planeta un poco de su momento angular.

Decelerando ínfimamente su rotación.

Alargando la noche. Retrasando el alba.

Concediéndome un poquito más de tiempo para estar aquí.

CONTIGO

 

 

P.D: Que alguien te exprese eso con esas palabras científicas es lo más. ... otra genial obra de xkcd.com.

My Karnaugh map

My Karnaugh map

This is all I need to describe how I feel. Picture by XKCD

 

Teoría unificada de las relaciones personales de Aina

Teoría unificada de las relaciones personales de Aina

Es la tercera cuarta vez que escribo este artículo. La primera vez se perdió en el ciberespacio y lo tuve que reescribir. La segunda vez se vino abajo uno de los discos duros de los servidores de Blogia y perdí el artículo, los comentarios al respecto y comentarios de otro artículo sobre mi hermana ... la tercera volvió a fallar un script de Blogia al subir la imagen que acompaña a este escrito. Esta es la definitiva.

A continuación voy a exponer la teoría unificada de las relaciones personales de Aina (variante balear del nombre Ana) , una chica de 23 años aprendiz de salsa en Mojito Bar . Un día cenando en un restaurante me hizo partícipe de su gráfico explicativo y le prometí que lo daría a conocer mediante mi blog.

Según ella mediante un gráfico circular también llamado de tarta se pueden expresar los diferentes estados por los que pasamos en nuestras relaciones interpersonales. Además, según ella, la sucesión de estados es cíclica de manera que en la mayoría de los casos volveremos al estado inicial. Los diferentes estados son los expuestos en la figura que preside este escrito.

Son los siguientes:

 

- IGNORANCIA: ... es el estado habitual con las personas a las que no hemos tratado lo más mínimo.

- CONOCIMIENTO: ... estado previo de toma de conciencia de la existencia de una persona.

- AMISTAD: ... se establecen ciertos lazos que acaban desembocando en este estado.

- MEJOR AMISTAD: ... si los lazos de amistad son intensos la persona pasa a formar parte del selecto grupo de mejores amistades.

- AMISTAD CON DERECHO A ROCE: ... si existe además atracción física ... la amistad trasciende lo emocional para establecer contacto corporal .... que os voy a contar :D.

- NOVIAZGO: ... es el estado excelso cuando todo sucede de una manera normal.

- ENEMISTAD: ... en este estado se desemboca si la relación acaba mal. Es la antagonía de noviazgo. De este estado se puede retornar al de IGNORANCIA o CONOCIMIENTO en función de la profundidad de la herida sentimental.

 

Esta es la breve teoría que a mi me gustó escuchar y que me recordó un artículo que escribí en abril de 2006 sobre los inicios del amor

 

 

Israel....

 

 

P.D: cuando funcione bien BLOGIA colgaré la imagen correspondiente al gráfico!

El pianista … o la parábola de la no correspondencia

El pianista  … o la parábola de la no correspondencia

Había una vez un pianista extremadamente deseoso de poder ofrecer su primer concierto. Tras años de dedicación, esfuerzo constante, práctica diaria y estudio de los grandes compositores clásicos: Mozart, Beethoven y Chopin entre otros, se veía sobradamente capacitado para deleitar al público con su interpretación.
Uno de los problemas presentes era la escasez de buenos auditorios donde su música resonara de la manera idónea. Además él tenía poca idea de cómo organizar semejante evento. Así pues dispuso en manos de unos promotores todo lo relacionado con la organización. Estos le aconsejaron que regalara las entradas como medida publicitaria. No le convencía dicha idea pues pensaba que un público interesado disfrutaría mucho más de tal evento pero hizo caso de los consejos recibidos pensando que una mayor experiencia era garantía de éxito.
Llegó el tan deseado día de concierto. El auditorio, a rebosar, aguardaba impaciente el inicio de la función.
Empezó el concierto cómo mandan los cánones: con música suave y cautivadora que atrajera la atención de los presentes y permitiera acomodarse a los recién llegados. Prosiguió “in crescendo” con melodías más arriesgadas y seductoras, ritmos frenéticos próximos al clímax musical que dejarían boquiabierto al público más selecto. Para más adelante quedarían las piezas románticas, de éxito garantizado, al alcance únicamente de los paladares sinfónicos más finos y entrenados. Era precisamente en ellas en las que más había trabajado y donde su progreso se había manifestado más plausiblemente. Sin embargo, dicho momento jamás llegó.
El público, congregado al azar por unos pésimos gestores, manifestó constantemente su indiferencia, cuando no su malestar, por una música que ni entendía ni quería entender. Gritos, silbidos, abucheos y mofas inundaban el recinto desde sus confines. Esperaban otra cosa. No se habían molestado, ni siquiera, en detenerse unos momentos a leer el panfleto entregado juntos con las entradas regaladas donde advertía del contenido musical de la noche. Lo que es peor aun, no habían preparado sus oídos para prestar atención a lo que jamás habían oído, a lo que alguien recién llegado a la ciudad podía ofrecerles, a cómo ese alguien podía abrirles ante sus oídos un mundo nuevo de sensaciones y disfrute auditivo.
El pianista atónito empezó a cavilar. ¿Debía actuar rápido o esperar una hipotética calma de semejante tumulto? Multitud de dudas se agolpaban en su mente. ¿Debía quedarse y seguir tocando sus piezas incesantemente según el programa? ¿Sería una buena opción cambiar el estilo de su música y adaptarla a los gustos de los presentes? ¿Quizás intercalar una breve disertación entre tema y tema para lograr captar la atención del público sobre aquello que su música podía aportarles? … ¿O quizás simplemente lo más sabio fuera levantarse e irse?

Tardó en reaccionar unos cuantos compases mientras ordenaba sus pensamientos, evaluaba las posibles ramificaciones de las diferentes opciones disponibles y escogía aquella que le pareció oportuna.

Y … se levantó. Se fue. Desapareció. Se marchó a otra ciudad donde anteriormente el público había demostrado aprecio por esa clase de música. Allí celebró un concierto de éxito inigualable. No le hicieron falta más pues fue feliz viendo que mientras él con presteza y delicadeza las teclas de su piano acariciaba, las cuerdas de éste vibraban al unísono con el público que en su interior se sentía cada vez más movido a demostrar amor y gratitud por sus bellas melodías.

10-10-06 / 07-11-06

 

Israel

 

Esta es una historia con gran significado en sus días. Espero que os guste tanto como a mi me relajo escribirla.

Todo sucede en la calle Kungsgatan de Göteborg

Todo sucede en la calle Kungsgatan de Göteborg Sucedió el 14 de mayo de 2005 de imprevisto, sin esperarlo, como mandan los cánones de una buena película romántica que se precie. Alguien no debía estar allí pues las obligaciones laborales debían impedírselo. ¡Y sin embargo SUCEDIÓ!
Multitud de gente congregada, aunque sólo chicos inicialmente para contemplar el hockey sobre hielo en O’Learys. Tras el partido, mientras aun duraba la decepción de la derrota sueca frente a Chequia y se iba consumando la victoria liguera del Barça aparecieron las féminas. La ví, aunque hastiado de encontrarme con gente nueva constantemente preferí posponer los saludos de rigor temporalmente. Unas partidas al futbolín y unas miradas de reojo a la más llamativa de las desconocidas sirvieron para establecer los primeros contactos visuales.
Al salir de O’Learys se acabó el desconocimiento. Denise se acercó a presentarme a una amiga suya a la vez que compañera de piso. Ésa fuiste tu.

Tras los saludos de rigor nos trasladamos en masa a tomar unas cervezas a Bers o Bar un local situado en Kungsportavenyn, la calle con más vida de Göteborg, dejando atrás sin embargo a Denise y otros que se dirigían a otro bar. Una vez dentro del bar me dirigí a pedir la Fanta de rigor y al disponerme a tomar asiento se cruzaron en mi camino ella y su amiga Antonia. La conversación con ambas fluyó durante un largo tiempo como acostumbra a hacerlo cuando los interlocutores son comunicativos y cuando se percibe un “toma y daca” sin ambages. Transcurrido un buen rato decidimos irnos unos cuantos (ella, Antonia, Micke y yo) a buscar a Denise. Por el camino Antonia decidió que era demasiado tarde y que se iba a casa y Micke se ofreció a acompañarla ya que ambos iban en una dirección similar. Así que ella y yo nos dirigimos al garito donde Denise aguardaba. Al ser un local que gozaba de dudosa reputación ella se abstuvo de entrar y yo escogí seguir junto a ella antes de meterme en un antro desconocido. Dos largas horas de paseo por Göteborg centrado en la calle Kungsgatan y aledañas sirvieron para conocerla mejor. Dicho tiempo fue más que suficiente para dejar una huella en mi corazón y obligarme a volver un mes después a seguir conociéndola.

El retorno, a finales de junio, fue aun mejor. La complicidad crecía por momentos. La sensación de que alguien está por ti y tu estás por ella apareció prístina en mi vida. Tras ello llegaron las conversaciones profundas y duraderas, la apertura sin tapujos de dos corazones dispuestos a explayarse. Doce días intensos con encuentros de sol a sol salvo contadas excepciones. Yo en boca de sus amigas, ella en boca de los míos. Hoy, exactamente un año y un día más tarde releyendo mensajes aún guardados en la memoria de mi móvil puedo volver a vivir aquellos días, puedo rememorar perfectamente los detalles: cuando quisiste que te fuera a buscar para dar una caminata y hablar mientras los demás estaban tomando una cerveza, cuando nos invitaste a tu casa a bailar, cuando fuimos en barco a la isla de Vrångö, cuando sentiste que necesitábamos hablar seriamente, cuando me dijiste que querías conocerme aún más … lo que obviamente sucedió al final de Kungsgatan. Y allí estuvimos los dos, dispuestos a dedicarnos tiempo el uno al otro, dispuestos a ascender a la cima de la montaña del conocimiento mútuo. Cámara en mano tomé una instantánea del lugar para no tener que lamentarlo en el futuro.

Y allí estuve yo otra vez, cinco días en agosto en Göteborg seguidos de otros tantos en Stockholm. Días cortos pero intensos y bien aprovechados. Un contacto constante, un goteo de sentimientos. Fue bonito mientras duró. Y no duró por mis miedos, me asusté, pensaba que serías un cambio radical en mi vida y que no estaba preparado para realizaro. Quizás me equivoqué, quizás me exigí demasiado. Sea como fuere sigo conservando en el recuerdo la belleza de esos instantes a pesar de que ya no dure. Es una parte de mi historia, una parte importante, una correspondencia unívoca jamás alcanzada antes y no asoman días de cambios en el horizonte cercano.

TACK SKA DU HA!

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Sobre los inicios del amor

¿Qué se esconde realmente tras un enamoramiento? ¿Cómo llegamos a pasar de fase en fase en dicho proceso? ¿Cómo surge todo? ¿Será un proceso estándar con ligeras variaciones en cada caso o por el contrario cada persona es un mundo?

Como sucede con todos los temas sentimentales es ciertamente difícil precisar y más aún exponer las ideas con claridad.
Bajo mi punto de vista las etapas en las que dividiría un enamoramiento serían las siguientes:

Inexistencia, Existencia, Presencia (eventual, condicional, forzada), Enamoramiento

Inexistencia

En esta etapa no hay el menor atisbo de sentimientos. Generalmente se desconoce por completo a la persona que más adelante será el objeto de deseo. Es posible que físicamente ni tan siquiera haya habido un encuentro con ella. Es por tanto una etapa previa donde reina la ausencia total de apego sentimental.

Existencia

Tras la sucesión de uno o varios encuentros fortuitos o planeados aunque carentes de premeditación se entra en la etapa de la “Existencia”. Tomamos conciencia de esa persona. Sabemos que existe y de hecho es básicamente lo único que sabemos. Son poquísimos los juicios de valor que podríamos aportar sobre ella debido a los pocos lazos que nos unen. La mayoría de gente que conocemos nunca logra pasar a etapas posteriores. Simplemente son conocidos.

Presencia

Es la etapa básica, para mi, dentro de todo el proceso que conlleva enamorarse. Los acontecimientos se desarrollan por igual en diferentes terrenos. Me centraré primero en los encuentros con sus “pres” y “posts”.

Dentro de la subetapa de la presencia eventual dichos encuentros pese a aumentar su frecuencia, continúan siendo ocasionales y no buscados. En tales ocasiones se hace patente la presencia de la persona especial, es decir, nos percatamos si llega, notamos si se despide. Tal modo de actuar continúa in crescendo hasta llegar a la subetapa de la presencia condicional.

Es durante esta subetapa cuando se llega a extrañar la presencia de la otra persona. Realmente se sufre su ausencia. Se percibe claramente una sensación de vacío con su marcha y se pospone indefinidamente nuestra propia marcha a expensas de su actuación. Al final acaba desembocando en un: “Si se va, me voy. Si se queda, me quedo” que a posteriori nos conduce a urdir las tretas más diversas que nos sitúan directamente en la subetapa de la presencia forzada.

Durante esta subetapa renunciamos totalmente a nuestro yo. No se trata de salir donde uno quiera, ni con la gente que uno quiera. Se trata de averiguar dónde va la otra persona e ingeniárselas para aparecer por allí evitando por todos los modos posibles que a los demás les extrañe en demasía nuestra presencia. Obvia decir que una vez llegados a esta subetapa es difícil imaginar un retroceso en los sentimientos. Durante los encuentros cada vez se procura pasar más tiempo juntos y de mayor calidad. Los sentidos se agudizan y se está pendiente al 100% de la otra persona. El oir se convierte en escuchar. La indiferencia inicial se ha transformado en embeleso continuado. Es entonces cuando nuestro rictus presenta la consabida “cara de tonto enamorado”. Cada segundo se intenta aprovechar al máximo con una concentración increíble en los dichos, gestos, actos. Seríamos capaces de repetir posteriormente cualquiera de ellos que nos haya provocado una sensación especial y de hecho es lo que solemos hacer con nuestros amigos y familiares: masacrarlos contándoles tal o cual cosa que nos ha marcado de la otra persona: una palabra, un gesto, un olor, una manera de actuar.

Mientras tal proceder solamente ocurre cuando se coincide en el espacio-tiempo hay otro que transcurre paralelo aunque tal simultaneidad espacio-temporal no esté presente.

Un incesante aumento del número de pensamientos dedicados a dicha persona amenaza por transtornarnos. Al principio, coincidiendo con la subetapa de presencia eventual, tales pensamientos se limitan a evocar comentarios de las charlas tenidas, planear mentalmente temas a tratar para incrementar nuestro conocimiento en próximos encuentros, etc. Más tarde a dichos pensamientos se les añaden otros como: tratar de imaginar qué estará haciendo en este preciso momento, especular sobre como actuaría en tal o cual situación, dirimir mediante recuerdos de su comportamiento las posibilidades de que la atracción sea mutua, y así seguiría una larguísima lista de lo más variopinta.

Al final de esta etapa se está realmente “colado”. No hay manera humana de quitarse a la otra persona de la mente por mucho tiempo. Sólo tratarla parece satisfacer nuestra sed para posteriormente dejarnos sedientos durante más tiempo como sucede en verano con los líquidos fríos. Bienvenido al enamoramiento.

Enamoramiento

Esta es la desembocadura de todos los ríos sentimentales y es que llegados a este punto el enamoramiento es ineludible. Las etapas anteriores puede tomar más o menos tiempo dependiendo de la predisposición a enamorarse de cada uno o de las circunstancias del proceso en sí. Sin embargo, si la situación ha evolucionado hasta aquí tiene pocos vislumbres de retroceder.

Es esta etapa la que será significativa para el devenir de la relación. Es durante el transcurso de la misma cuando uno se autocastiga de manera continuada planteándose de forma dubitativa la exposición clara de sus sentimientos. El dilema eterno: “¿Se lo digo o no?”.

Una contestación afirmativa es siempre mejor a largo plazo aunque es cierto que es difícil concordar con esta manifestación cuando se está inmerso en una cuestión de semejante importancia.

Preferimos seguir con el éxtasis de nuestros sentimientos pues nos hallamos en plena ebullición hormonal con nuestro cuerpo segregando fenilamina que incrementa nuestra sensación de placer. Además emocionalmente nos hallamos servidos imaginando, sin saberlo a ciencia cierta, que somos correspondidos ya que con los ojos del amor se suelen malinterpretar los actos del otro. Por lo tanto, salir de dudas es la única solución viable. La otra es hallarse en un enamoramiento perpetuo cual juglar de la Edad Media. Sufriendo lo indecible en el interior mientras tratamos de complacer a la dama y de exteriorizar una imagen de sosiego.

Amarse

Amarse

Esta es una poesía que escribí en 1998. En 2002 se la envié por email a una amiga y ayer 10/12/2005 ella la volvió a leer y decidió enviármela de nuevo. Yo ni tan siquiera recordaba su existencia. Al leerla y transportarme a los recuerdos que tuve al escribirla comprendí que yo era su autor. A ver si también para vosotros significa algo en vuestra vida.

 

 

AMARSE
Bajo la ínfima claridad de una luna que mengua
bajo el incesante titileo del cielo estrellado
dos sombras se contemplan
dos cuerpos se entregan
dos almas se funden
dos palabras rasgan el silencio
un "te quiero" emerge desde lo más recóndito
inequívoco,sabiendose correspondido
El tiempo ,cual cómplice dubitativo
no transcurre,se detiene,rehusa avanzar.


Aliado de los amantes,
¡déjales disfrutar!
Bajo el creciente y calido sol matutino
bajo el palpitar de los rayos solares
dos siluetas se dibujan
dos cuerpos se abrazan
dos almas saben
que por la eternidad
dos palabras se tienen.
"Te quiero"

La última misiva

Querida XXXXXX,

Probablemente esta sea una de las últimas misivas mías que recibas y una de las más tristes que cualquier persona puede llegar a escribir. Las circunstancias empero me obligan a hacerlo. Debo apartarte de mí, apearte del sinuoso devenir de mi sendero vital. Es un trecho que debe ser recorrido en solitario con la razón y la soledad de mis pensamientos como únicos acompañantes. Aparcados junto al sendero quedan también los sentimientos que hiciste amanecer. No puedo llevarlos conmigo, muy a mi pesar, pues me lastrarían, minarían mis intentos de alcanzar lo propuesto. Por todo ello te los encomiendo. Si los buscas, los hallarás en el punto donde nuestros relojes comenzarán a dar las horas con dintintos ritmos. Ahí permanecerán hasta que desde el final de trayecto te llame para que los recojas y ambos os unáis a mí para siempre. Esa será tu decisión si el tiempo lo permite. El tiempo para mi decisión ha llegado y me es absolutamente imposible postergarlo otra vez más.

Curiosa estampa la presente donde por el bien del amor se debe renunciar a él temporal o quien sabe si indefinidamente. Con acierto expone la máxima que "el amor es como una montaña rusa". Nuestro vagón se halla en plena ascensión a los sentimientos y sin embargo quiero volver a tierra. Exijo bajarme y no es el vértigo el causante pues en tu compañía ni tan siquiera apreciaba la sensación de altura. Simplemente olvidé algo abajo, algo sin lo cual no puedo acompañarte, algo que no logró saber dónde dejé, algo que ni tan sólo sé si me pertenece ni si alguna vez lo tuve, algo que tu aprecias, algo lo suficientemente valioso como para exponerme a que sigas tu viaje sin mí. Ese algo que es todo para tí.

Aun no he partido y ya quisiera conocer cuando sucederá mi vuelta. Tanto control que descontrola mi interior mientras controla mi exterior. ¿Cómo querer descontrolarte cuando ni descontrolarme puedo?
La hora se acerca y ahora es cuando lo bonito permanecerá como un simple recuerdo de lo que pudo ser y no es y quien sabe si alguna vez será o cuando lo será. Sí, entono el "mea culpa" por pensar que por una vez controlaría o cambiaría. No me gustaría que te abocaras a la desilusión. Me marcho impregnando este mensaje con un perfume que un amigo me prestó pues a él le funcionó. Desprende una suave fragancia a "hasta pronto" con ligeros toques de "espérame". Deseo que tu olfato se sature con él y deseche mis olores previos. Aun huelo a mi olfato recordarte como un "happy heart". Y sin embargo mis ropas apestan a dudas.

Muchos pensamientos me guardo sin expresar pues algo siempre debe quedar en el tintero. Quizás más adelante sea el momento de retomarlos con la serenidad del caminante que comienza a andar con la vista fija en su destino.
Los anotaré uno tras otro como pensamientos filosóficos del día. Llenaré un sinfín de hojas. Lo sabes y lo sé.
Cuántas veces hablamos de lo fácil que era saber qué se debe hacer y lo difícil que es empezar. Ahora difícilmente empiezo a hacer lo que debo y no es tan fácil de saber.

Sabiendo que volveré mejor que me fui me despido de ti.

Israel

El síndrome de las relaciones aceleradas

Hace un tiempo leí por primera vez acerca de esta "enfermedad" en el diario 20 Minutos. No puedo pasar por alto la oportunidad de hacer un inciso para comentar lo mucho que está influyendo la prensa gratuita en fomentar la lectura en unos y la meditación sobre lo leído en otros.

La sintomatología de este síndrome es la siguiente: uno quiere saber al instante si una relación va a fructificar o de lo contrario no merece la pena ni tan siquiera molestarse en empezarla. Se buscan los resultados inmediatos, el carpe díem emocional, que se cumplan nuestras expectativas sobre la otra persona de inmediato. La sociedad en la que vivimos con trabajos que nos ocupan todo el día, actividades extralaborales periódicas y una acuciante escasez de ratos de ocio compartido son los agentes causantes de dicha "enfermedad".
Muchas de las personas que obran así buscan compulsivamente solucionar conflictos de la infancia o esperan que su pareja les rellene huecos vacíos en su personalidad. Acaban por confundir enamoramiento y apego con amor. Y es que conocerse bien lleva tiempo.

Me asalta la duda de si realmente hay alguien que no haya sufrido este síndrome. Si en vez de ser una "enfermedad" rara ha alcanzado ya las cotas de una pandemia. Me viene a la mente las citas rápidas que tan de moda estan últimamente, esas en las que en 7 minutos (o menos) has de conocer a una persona y ver si realmente quieres conocerla más o no. El problema para mi no es el tiempo ya que uno puede conocer a una persona y que por circunstancias excepcionales deba limitar el primer contacto a unos pocos minutos y sin embargo decidir que quiere conocerla más. El problema es cuando eso se industrializa, se hace un negocio. En vez de "Esta tarde salgo con los amigos" la frase se torna en "Esta tarde voy a conocer gente a ver si sale algo" ... realmente triste. Más aun si uno esa tarde no tiene el día para conocer a alguien o para dejarse conocer, como a veces sucede. Jugarte todo por unos minutos me parece algo aberrante.

Una vez conocida una persona que interesa seguimos teniendo a nuestro alcanze la posibilidad de manifestar características del SRA (Síndrome de Relaciones Aceleradas [siglas mías]). Establecer la velocidad a la cual conocerse es uno de los pasos más difíciles dado que nadie quiere perderse la oportunidad de conocer a la otra persona y cerciorarse de la validez de la elección pero tampoco nadie quiere agobiar o sentirse agobiado. En el caso de que la pareja tenga velocidades distintas siempre suele decirse: "Dejémos que fluya naturalmente" lo cual es cuanto menos extraño pues lo natural para uno puede ser antinatural para el otro.
Cabe recordar que las prisas acostumbran a ser malas consejeras. Sin embargo qué difícil es aplicar estos recordatorios a las cosas del corazón.

Se me ocurre asemejar el tema a la conducción. Cada uno debe saber qué tipo de conductor es, por qué tipo de vía circula y qué tipo de coche maneja. Cuanto más seguro sea el coche a mayor velocidad se podrá circular sin riesgo ni para el ocupante ni para el coche. Sin embargo nunca se debe sobrepasar los límites de velocidad urbanos, interurbanos, en autovía y en autopista.

Analízate, analiza tu coche, analiza el tipo de vía y sólo entonces decide: ¿ACELERAR, MANTENER O FRENAR?

Recuerda: LO IMPORTANTE ES LLEGAR.

Querer poder o poder querer

Querer poder o poder querer Todo artículo no trivial está pensado y escrito con un propósito. Es un arte de los buenos escritores el escoger las palabras en función de los diferentes matices con los que adornar un pensamiento. Llega una idea, se cuece, se madura, se plasma y se retoca hasta conseguir dotar a una sola frase de la mayor expresividad posible. Tras ello queda en el deber de los lectores sacar los entresijos de una simple sucesión de palabras, profundizar más allá de la semántica, leer entre líneas hasta obtener el jugo. Y sin embargo dicho jugo puede no ser igual al previsto por el autor. Justo ahora mi mente evoca la imagen de un huerto en el que el agricultor plantó melocotoneros y el recolector obtuvo peras. ¡Qué imagen tan irreal digna de cualquier buen sueño que se precie! Ahí radica la belleza de un escrito. El summun es que autor y lector conecten en la transmisión de sensaciones, emociones y sentimientos.

Dejo ahora de lado esta breve reflexión anterior, surgida de las cenizas de mi último escrito cual ave Fénix de la mitología, para sumergirme nuevamente en las profundas y frías, hasta el momento, aguas amorosas.
Los que me conocéis sabéis de sobra mi amor por los idiomas y por el uso en particular del lenguaje. No debe extrañaros pues que mis artículos esten motivados o en su trasfondo se halle algo tan sencillo como una frase.
En el caso que nos ocupa tenemos un elemento en la frase, la conjunción disyuntiva “o” que nos permite extraer un primerísimo análisis. Su presencia nos ayuda a clasificar la oración como coordinada disyuntiva, es decir, presenta dos oraciones coordinadas por ella pero con elementos que o bien se excluyen mutuamente o bien pueden ser alternativas a una misma realidad.
Una vez llegados hasta aquí debo decir que suprimí un tercer verbo de la primera parte de la frase del título original por considerar que lo recargaba demasiado. Sin embargo, es necesario ahora conocerlo para centrar el tema. Así pues la idea inicial tuvo como título: Querer poder querer o poder querer. A continuación expongo qué refieren personalmente ambas:

Querer poder querer
Esta es la parte de la frase más impersonal menos dependiente de uno mismo. Si no lo ha hecho ya, cosa que no recuerdo, debería formar parte de alguna escena en el guión de una película. Uno de los actores debería pronunciar un sentido: “Quiero poder quererte”.
Por supuesto oculto tras tal expresión habría la tristeza de un amor no compartido.
¿Qué podría mover a uno a pronunciar una frase tan contundente?
No hace falta remarcar que engloba mucho más que el simple amor físico o erótico por el simple hecho de que uno quiere querer a una persona antes de ni tan siquiera haber gozado de ese tipo de manifestación amorosa.
Por otro lado estan las hormonas, siempre tan disponibles a actuar y nuestro cerebro como recipiente para ellas. Pequeños cambios en los niveles de sustancias como la fenilamina, dopamina u oxitocina nos trasladan de la euforia más exquisita a la depresión más aberrante y muchas veces ni tan solo somos capaces de saber qué nos ha provocado tal variación.
En tercer lugar podría estar el ver cómo cambian las personas de nuestro entorno cuando se ven tocadas por una flecha de Cupido. Generalmente lo hacen para bien, apartan el egoísmo intrínseco acumulado durante años para volverse más generosas, sacrificadas, tolerantes, etc. por lo menos durantes los primeros años antes de que la rutina y la confianza mútua hagan caer en el desuso tan nobles cualidades.

Poder querer
En ocasiones me pregunto por qué motivo se despierta el cuerpo humano tan temprano en la adolescencia. No me refiero solamente a los cambios físicos asociados a la pubertad que tal vez alguno asociaría con los enamoramientos repentinos de las compañeras de clase. Sí, es cierto, las hormonas vuelven a ser un tema recurrente. La pubertad comporta cambios en sus niveles y por ende cambiamos físicamente (no hace falta recordar qué nos pasa) y emocionalmente (ya sabemos todos acerca de la típica inestabilidad del adolescente). Entonces si solo fuera una cuestión hormonal no lograría explicar por qué niños de 6, 7 o 10 años (recuerdo incluso mis tiempos en 2º de EGB con 8-9 años y una tal Patricia) tienen sus primeros pasos en temas sentimentales aun siendo unos retacos sin signos aparentes de llevar una revolución en su interior. Algo más debe haber tras ello. Ese algo es que necesitamos querer y sentirnos queridos.
Y con eso retomo el hilo del inicio de esta segunda frase. Los sentimientos de afecto amoroso hacia otros se despiertan mucho antes de que estemos preparados para expresarlos de manera física, mental y emocional. Es más es precisamente en estos dos últimos aspectos donde más se tarda en lograr la madurez. ¿Para qué pues tanta presteza? Sólo se me ocurre una respuesta: las primeras sensaciones asociadas al amor que todos guardamos acostumbran a ser positivas, no suele ser sino hasta años más tarde cuando comenzamos a darnos cuenta de que no siempre puede haber esa correspondencia de sentimientos. Sin embargo entonces, las sensaciones positivas acumuladas en el subconsciente durante la niñez nos hacen seguir adelante, seguir manteniendo viva la llama y la esperanza de que algún día algo similar a aquello aflorará.
Una vez lograda gran parte de la madurez mental y emocional necesaria es cuando un análisis personal y exhaustivo nos servirá para darnos cuentas de que ahora sí, realmente podemos querer, es decir estamos preparados para ello, sabemos cómo hacerlo y tanto el cuerpo como la mente nos acompañan.
Esta, pese a ser la segunda parte de la oración, es la primera de las cuestiones a solucionar. Una respuesta afirmativa a “¿puedo querer?” nos hace estar un paso más cerca del éxito futuro. El otro paso no depende totalmente de nosotros. Son muchos los factores externos que deben armonizarse para que nos dejen pronunciar afirmativamente la primera de las partes.

Mientras tanto solo queda exclamar: ¡Quiero poder!

Don't funk with my heart

Don't funk with my heart ¿Qué tendrá la primavera que la sangre nos altera?
El caso es que este es mi segundo tema amoroso en dos días. ¡Menudo retorno! La necesidad de escribir me vuelve a corroer. La necesidad de compartir conmigo mismo mis propias reflexiones y además hacerlas extensibles a personas ajenas hace que me siente delante de este teclado con el único motivo de poner por escrito el análisis de mis cavilaciones más recónditas.

A veces me asalta la duda de la conveniencia de la publicación de esta clase de artículos en un sitio tan público como este. Definitivamente somos lo que sentimos con lo que ello implica: si queremos mostrar como somos debemos mostrar como nos sentimos. Conocer a una persona implica conocer sus sentimientos profundos y muchas veces estos no pueden transmitirse a plenitud con la vanidad y lo acelerado de algunas de las conversaciones que mantenemos cada día. Cuantas veces no hemos querido abrir nuestro interior y deshacernos en los oídos de algún amigo íntimo y al final hemos desistido porque la conversación derivó hacia otros temas o simplemente consideramos inoportuno una exposición tan abierta de nuestro interior.

Después de este breve periplo introductorio quiero centrarme en el tema que quería tratar. El origen de este título tan (o tan poco) sugerente está en la nueva canción de Black Eyed Peas. Parece mentira como un análisis fino de tan simple frase puede revelarnos muchos secretos y llevarnos a ver lo apropiado de su elección con el conjunto de este artículo.

Empecemos: el verbo "funk" no existe con la particula "with" sin embargo en música es habitual verlo como sustituto del tan denostado "fuck". Por lo tanto una primera traducción finolis del título podría llevarnos a "No fastidies mi corazón" o bien una menos llamativa y más usual "No juegues con mi corazón". ¿Por qué no lo titularon con "play" entonces? Bien, "funk" de siempre está relacionado con la música, de ahí viene por ejemplo el adjetivo "funky". Sin embargo donde quería llegar es a otra de las acepciones del verbo "to funk": retraerse por miedo de.
Y este es el tema del artículo: No te retraigas por miedo de mi corazón y no fastidies mi corazón.

¡Cuanto mensaje en una sola frase y sin embargo que contradictorio es llevar a la práctica ambos enunciados simultáneamente!
Adentrémonos un poco más en el análisis más allá de la sintaxis. En la vida real y sobretodo dentro del subapartado amoroso se hace realmente difícil cumplir la primera parte de la oración copulativa. ¿Es posible no retraerse por el miedo al corazón del ser amado sea que este nos corresponda o no?
Desde luego todo va en el interior de cada persona. La experiencia impersonal me dice que es posible abstenerse de mostrar dichos sentimientos amorosos, sin embargo, acaba por hacerse algo tedioso como si se tratara de un lastre que va acumulando peso e impide avanzar a una embarcación.
La incerteza de una correspondencia unívoca entre corazones es algo presente constantemente. Es común que las parejas se pregunten con frecuencia si se quieren para sentir por boca del otro que realmente esa correspondencia existe. Por otro lado también estan aquellos rechazados que una tras otra vez necesitan asegurarse de que la otra persona realmente no les corresponde y se martirizan tras el dicho: quien la sigue la consigue.

La segunda parte de la oración no es mucho más halagüeña.¡Cuantas veces fastidiamos el corazón de aquellos a quienes queremos! Algunas veces por el simple hecho de no corresponder con nuestros sentimientos a una persona le estamos fastidiando el corazón hasta límites insospechados. Muchísima gente queda trastocada o inhabilitada temporalmente para amar tras experiencias amorosas traumáticas (creo que, muy a mi pesar, este grupo debería contarme entre sus miembros). Es cierto que las heridas son reparables pero suelen permanecer bastante tiempo abiertas y supurando.
Cuantas veces habremos pensando o dicho esta frase siendo los objetos de ella en vez de los sujetos: "¡No juegues con mi corazón!". Sencillamente duele.
Cambia mucho la situación de ser objeto a sujeto. Cuesta darse cuenta cuando uno juega con los demás. No es sencillo conocer cuando uno con sus actos triviales o premeditados esta llegando a tocar la fibra sensible del otro, aquella que hace que poco a poco sus sentimientos maduren. Es entonces cuando se juega con su corazón. Es entonces cuando el riesgo de dañarlo está latente. De hecho en el juego del amor siempre se ha jugado con corazones.
Por supuesto este tema no es una ciencia exacta. Aprendemos de nuestros errores y es responsabilidad nuestra mejorar para la próxima vez. Hasta que ya no haya una próxima.

En el aspecto personal solo me queda decir que reconozco mis fallos, sé donde erré más no supe verlo cuando debía. Pagué la inexperiencia del primerizo. Tan sólo espero que no vuelva a suceder.

... sin embargo me asalta la duda de si todo esto lo veo ahora simplemente porque estoy asomándome al abismo ese al que todos nos asomamos cuando hacemos de una amiga alguien especial y nos vemos susceptibles de ser los próximos cuyo corazón necesite un remiendo .... otro más .... es entonces cuando en mi interior una voz va haciendose cada vez más audible ... me paro a escucharla y me repite .... DON'T FUNK WITH MY HEART!

El adagio de mi vida amorosa

El adagio de mi vida amorosa ¡Qué maravilla es disfrutar de la música clásica! Es ciertamente increíble que una pieza musical creada siglos atrás pueda llegar a transmitir tantos sentimientos y emociones. Música hecha para conmover.
Sonatas, conciertos, sinfonías, operetas, cuartetos: todos buscan conectar con el oyente a través de unos rasgos caracterizadores.
Hace unos días tras un acontecimiento reseñable dentro de mi vida pseudoamorosa me puse a pensar sobre cual sería la banda sonora clásica de esta faceta de mi vida. El resultado no tardo en salir a la luz. Hay un tipo de composición cuyas características se solapan a la perfección con ella. Permitidme que os introduzca en el mundo del adagio.

La voz italiana “adagio” significa lento. Además denota una pieza musical de carácter triste y de enorme lentitud que debe interpretarse de manera muy expresiva. Hay númerosas variaciones del tempo llamadas: Adagio assai, Adagio di molto, Adagio cantabile, Adagio patetico, Adagio pesante, Adagio sostenuto, Adagissimo, etc.
Resultan ser monótonas y próximas al aburrimiento y sin embargo llenas de una gran carga emocional. Será por todo ello que parecen formar la sinfonía de mi vida amorosa. Si bien es cierto que en tiempos recientes hubo una ligera variación hacia tempos más rápidos la verdad es que nunca llegaron ni siquiera a ser “allegretto” ni mucho menos “allegro sostenuto”. Con la reincidencia de este tempo se atisba como imposible la presencia de un “presto” o un “molto vivace” por lo menos en los próximos movimientos.

En espera de tiempos mejores no queda otro remedio que tumbarse en la cama, colocarse los auriculares, hacer una selección de la banda sonora de mi vida y reposar tranquilamente llorando las penas al ritmo de mi adagio particular. Como dije antes la música influye en nosotros y hay ocasiones en las que no deseamos que la música nos anime sino que debemos dejar que la música nos deprima, llegue al fondo de nuestro ser, toque lo más recóndito y de ahí afloren nuestros sentimientos más ocultos, algunos de los cuales ni siquiera conocíamos.

No me gustaría acabar sin antes hacer una recomendación para cuando os sintais así: atenuad la luz de la habitación, poneos cómodos, buscad un adagio acorde y dejaos transportar. Dejad que fluya el torrente de emociones que hasta ahora habéis querido mantener bajo control.
Entre las piezas favoritas y conocidísimas que harán su efecto podéis contar con el Adagio de Albinoni, o el Adagio for strings de Barber así como el Adagio sostenuto de la Sonata del Claro de Luna de Beethoven.
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Un ser especial

En la vida de toda persona siempre hay seres especiales que hacen de ella algo importante. Esos seres nos divierten, nos alegran la existencia, nos sentimos especialmente unidos con ellos, nos preocupa lo que pueda pasarles, etc.
Lo mejor es que no estan presentes unicamente en el plano romántico sino en muchos campos de la vida.

¿Quién no se ha sentido especialmente unido a ese compañero de clase con el que ha pasado mucho tiempo? ¿Quién no tiene un amigo especial? ¿Y un familiar?

¿Habéis pensado alguna vez quién sería el más especial de todos ellos?

No es una elección nada trivial. Estamos rodeados por muchísimas personas algunas de las cuales han significado algo importante en nuestras vidas como por ejemplo: nuestros padres, nuestros profesores, el primer amor, etc.
El escoger una única persona de todas ellas tampoco implica un desmerecimiento hacia los demás. En cierto modo es como ser de un equipo de fútbol, enamorarse o tener ideas políticas. A veces la razón nos dice por qué somos de tal o cual equipo, por qué nos gusta tal persona o por qué pensamos así ... pero otras veces no podemos escudarnos en ella para dar una respuesta satisfactoria. Decimos aquello de: "Simplemente soy así porque lo siento".
Por mucho que lo intento para esto no tengo el apoyo de la razón. Solo las palabras por escrito intentan aproximarse al camino marcado por los razonamientos previos.

He encontrado a la persona que me preocupa en exceso, cuyo sufrimiento compartiría desde mi interior, cuyas inquietudes quiero hacer mías, cuya vida quiero ver realizada a tanto o mayor grado que la mía propia. Tan sólo pensar en un posible mal para ella me hace daño, me hiere en lo más recóndito y hace que quisiera intercambiar nuestras vidas. Lo bueno de todo esto es que no tiene por qué ser recíproco. Esa persona puede que ni siquiera lo sepa y no lo intuya. Uno la observa, la ve evolucionar (en el sentido metafísico de la palabra), nota como cambia y crece como persona, espera tiempos mejores donde se estreche el contacto que ahora comienza a aflorar, recuerda los nexos de unión pasados y eso le hace desear que los futuros acontezcan cuanto antes.
Todo eso sucede a pesar de las disputas, los enfados y otros imprevistos. Todo eso sucede porque uno sopesa y valora y se da cuenta de que realmente no puede ni tan solo pensar en la no existencia de esa persona.

Como dije antes que uno se sienta así con respecto a una persona no es menosprecio a otras. Al contrario, debe movernos a buscar los nexos con los demás. Una vez encontrados estas sensaciones unívocas, por el momento.

Otra cuestión es si uno debe revelar la identidad de tal persona a otros .... esa está por contestar aun. Así que si durante estos días me la contesto podréis conocerla. De lo contrario permanecerá a buen recaudo en mi interior tal y como ha permanecido hasta ahora durante mucho tiempo.

Relaciones a distancia - Exégesis física

Relaciones a distancia -  Exégesis física Este artículo lo escribí tras haberme leído un libro de la biblioteca sobre la física newtoniana. Me dio por encontrarle un paralelo "amoroso" a una parte de lo que leí y tras un poco de esfuerzo creí hallarlo. Así ante tal hallazgo lo reflejé en este escrito que más de 6 meses después podéis leer.

RELACIONES A DISTANCIA - EXÉGESIS FÍSICA

La pregunta es la consabida: ¿funcionan las relaciones a distancia?

La respuesta física aplicable nos la dió ya en el siglo XVII sir Isaac Newton que habiendo estudiado las leyes de Kepler pronunció la Ley de Atracción Gravitatoria entre Cuerpos. Su fórmula es la siguiente:

F=G*(M1*M2)/D^2

Fuerza = constante gravitacional * la masa de los cuerpos dividido entre la distancia al cuadrado.

Mediante la aplicación de tal fórmula es posible para los científicos hoy en día calcular la fuerza que ejerce la Luna sobre la Tierra (o a la inversa), averiguar cuanto deben acelerar una nave para salir de la órbita terrestre y multitud de aplicaciones físicas más.

Apliquémos todos estos conceptos al amor ahora.

En nuestro caso la G sería despreciable por ser una constante. Así pues la fórmula quedaría:

F=(M1*M2)/D^2

M1 y M2 corresponden a las "masas" del amor que se tienen las dos personas entre sí (cuanto se quieren) y D la distancia que los separa. Esta distancia se eleva al cuadrado (D^2) por ser un factor negativo (contrario a la fuerza de atracción) realmente importante.

Como observais si el producto de las dos masas amorosas supera al cuadrado de la distancia la división (la fuerza de atracción) será superior a 1 (de 1 a infinito) con lo cual la cosa funcionará. De lo contrario dará un valor 1>F>=0 y no funcionará dandose una incongruencia en el caso en que D=0 (distancia de separación igual a cero lo cual bien podría equivaler a vivir juntos ...)

El resultado amoroso previsible es por lo tanto el siguiente: si el amor que se tienen supera la distancia la fuerza de atracción será alta con lo cual hay más probabilidades de éxito. En otros casos es muy difícil.

¡Mmmmm cómo me gusta la física!
¡Saludos físicos!

IsRa (28/07/2004)

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Ahora espero vuestros comentarios, dudas y aportaciones al respecto. Una idea sobre la cual trabajar. Yo desprecié G como constante pero esta claro que dos parejas igualmente de distantes y que se quieran por igual pueden tener relaciones diferentes. ¿Qué podría "significar" la G ahí? ¿Qué pasa en una relación donde M1 es un valor pequeño y M2 uno grande contrastado con otra relación donde ambos son valores altos? ¿Qué pasa cuando M1 y M2 no se alteran pero D disminuye?
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